Un niño nos ha nacido, un hijo
se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se llamará Angel
del Gran Consejo.
Puer natus est nobis, et fílius datus est nobis,
cuius impérium super húmerum eius, et vocábitur nomen eius magni consílii
Angelus.
Oremos:
Dios nuestro, que de modo admirable creaste al hombre a tu imagen y semejanza,
y de modo más admirable lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo, concédenos
participar de la vida divina de aquél que ha querido participar de nuestra
humanidad.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La tierra entera verá la salvación que viene de nuestro Dios
Lectura del libro del profeta
Isaías
52, 7-10
¡Qué hermoso es ver correr sobre
los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena
nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: "Tu Dios es rey"
Escucha: Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque
ven con sus propios ojos al Señor que retorna a Sión.
Porrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a
su pueblo,
consuela a Jerusalén. Descubre el Señor su santo brazo a la vista de todas las
naciones. Verá la tierra entera la salvación que viene de nuestro Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 97
Toda la tierra ha visto al
Salvador.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Cantemos al Señor un canto
nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la
victoria.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
El Señor hadado a conocer su
victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado
Dios su amor y su lealtad hacia Israel.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
La tierra entera ha contemplado
la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con
júbilo al Señor.
Toda la tierra ha visto al Salvador.
Vidérunt omnes términi terræ salutáre Dei nostri.
Dios nos ha hablado por medio de tu Hijo
Lectura de la carta a los
Hebreos
1, 1-6
En distintas ocasiones y de muchas
maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.
Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien
constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual se hizo el
universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su
Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: "Tú eres mi Hijo; yo te he
engendrado hoy?" ¿O de qué ángel dijo Dios: "Yo seré para él un Padre
y él será para mí un Hijo?" Además, en otro pasaje, cuando introduce en el
mundo a su primogénito, dice: "Adórenlo todos los ángeles de Dios".
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Aleluya, aleluya.
Un día sagrado ha brillado para
nosotros. Vengan naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran
luz sobre la tierra.
Dies sanctificátus illúxit nobis: veníte, gentes,
et adoráte Dóminum: quia hódie descéndit lux magna super terram.
Aleluya.
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
1, 1-18
Gloria a ti, Señor.
En el principio ya existía Aquél que es
la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Todas las
cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. El
era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las
tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo,
para dar
testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la
luz, sino testigo de la luz.
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que
viene a este mundo. En él mundo estaba; el mundo había sido hecho por el y, sin
embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo
recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su
nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, sino que
nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto
su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de
gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
"A éste me refería cuando dije: "El que viene después de mí, tiene
precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo"".
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada
por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por
Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el
seno del Padre, es quien lo ha revelado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor que, siendo rico, se ha hecho pobre para
enriquecernos con su pobreza:
A cada petición respondemos: Ven, Señor, ven, Salvador.
Por
Ven, Señor, ven, Salvador.
Para que los que buscan la verdad
descubran el Evangelio y acojan con alegría la buena nueva del nacimiento del
Salvador, roguemos al Señor.
Ven, Señor, ven, Salvador.
Por los que en estos días de
Navidad lloran la ausencia de los seres queridos, para que no pierdan la
esperanza de reencontrarlos en el Reino de Dios, roguemos al Señor.
Ven, Señor, ven, Salvador.
Por los que en otros años
celebraban con nosotros las fiestas de Navidad y han dejado ya este mundo, para
que contemplen en el reino eterno la faz gloriosa de Cristo, el Señor, roguemos
al Señor.
Ven, Señor, ven, Salvador.
Celebrante:
Muestra, Señor, tu bondad al pueblo que te implora, y haz que los que
celebramos con gozo el nacimiento de tu Hijo consigamos los bienes que te hemos
pedido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, en la solemnidad de la
Navidad, esta ofrenda que nos reconcilia contigo de un modo perfecto y que
encierra en sí la plenitud del culto que los seres humanos podemos tributarte.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Restauración universal en la Encarnación
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en el misterio santo que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la
gloria del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era
invisible en su naturaleza, se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno,
engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí
todo lo creado, para reconstruir lo que estaba caído y restaurar de este modo
el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos a la humanidad
sumergida en el pecado.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
[Misa]
Sobre toda la superficie de
la tierra se ha contemplado la salvación que viene de nuestro Dios.
Vidérunt omnes fines terræ salutáre Dei nostri.
Oremos:
Concédenos, Dios misericordioso, que
El cual vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.